La Ciudad Patrimonio de la Humanidad de Alcalá ha iniciado un proyecto integral como ciudad europea y contemporánea, basado en la consolidación de un nuevo modelo económico y social que aglutine dos identidades fundamentales en los esquemas futuros de su desarrollo: por un lado la lengua, las artes y las letras como huella de identidad y, por otro, la necesaria búsqueda de una potencialidad económica, industrial y laboral, fundamentada precisamente en su particular ‘adn cultural’.
Recuperando el impulso de aquella auténtica revolución de pensamiento que supuso el humanismo en Europa -y que desplegó la ciudad de Alcalá fundamentalmente a través de su Universidad- la ciudad cultiva un nuevo esquema global donde sus empresas, los puestos de trabajo, su diseño urbanístico, su replanteamiento medioambiental y su ocio, entre otros muchos aspectos, giran en torno a la ‘factoría de la lengua’, no sólo como símbolo fundamental del entendimiento entre los hombres, sino también, fundamentalmente, como elemento de sostenibilidad de las grandes ciudades culturales de nuestro continente.
La ciudad de Cervantes, autor del libro más traducido y editado de la historia y la ciudad donde se editó la Biblia Políglota, -como emblema y crisol de las lenguas y culturas del mundo-, ha iniciado un proceso de identidad europea proyectando el gran motor económico que supone la Plataforma Industrial de la Lengua. La aplicación tecnológica del conocimiento y la nueva revolución industrial de las ciudades culturales tendrán en Alcalá una plasmación de cómo y por dónde podrán girar algunas de las ciudades europeas en los próximos años. Con muchas de esas otras grandes ciudades, Alcalá establecerá su singular hoja de ruta en el camino de convertirse en Capital Europea de la Cultura.
Si en las dos últimas décadas, Alcalá ha sido capaz de poner de manifiesto una recuperación de su patrimonio en tiempo record y de manera destacada, que la ha llevado al reconocimiento internacional como Patrimonio de la Humanidad, ahora se inicia la consolidación de un proyecto y un modelo de ciudad sostenible, económica, universitaria y contemporánea en todas sus acepciones.
Alcalá, que busca en lo cultural la excelencia a través de su proyecto ‘2016, Ciudad de las Artes y las letras’, hace lo propio en el campo económico y social con una apuesta, iniciada en ya en sus fundamentos con la llamada Plataforma de la Lengua: o lo que es lo mismo, un impresionante proyecto donde entran inversiones, infraestructuras, modernas tecnologías, nuevas titulaciones universitarias y nuevos escenarios profesionales con los que dotar a la Ciudad de las Artes y las Letras de unas generaciones no sólo universitarias, sino también formadas e informadas en torno a un mismo proyecto.
Centenares de intelectuales y artistas españoles han rubricado ya con su firma el deseo de que este proyecto abandere la solicitud de Alcalá como Capital Europea de la Cultura, un plan integral que seguirá adelante al margen de esta deseada capitalidad. Se trata de una ciudad volcada con la cultura que está firmemente convencida de que su esquema socio económico e industrial de los próximos siglos pasa por la apuesta inequívoca en torno a las industrias de la cultura, de la lengua, de las artes y de las letras, de la academia, del pensamiento y de la investigación.
Como ha ocurrido en todos los grandes procesos históricos de Alcalá de Henares, sus ciudadanos y la sociedad civil vuelven a dar el mejor de los ejemplos poniéndose al frente de esta solicitud y apoyando todas y cada una de las propuestas. El ya incorporado giro europeo de la mayor parte de sus grandes manifestaciones culturales, los planes educativos, los proyectos solidarios, los intercambios universitarios, los modelos de integración o la apuesta decidida por innovar y plasmar una nueva dimensión económica, hacen del proyecto de Alcalá, del proyecto de la capital cultural de la Comunidad de Madrid, un más que atractivo referente de las ciudades culturales españolas y europeas.
Fiel a su espíritu de integración y de solidaridad, Alcalá ofrece su bagaje a las ciudades españolas y polacas que optan a ser capital europea de la cultura en 2016. Una ciudad que basa esencialmente su futuro en la cristalización de un potencial económico y social en torno a las industrias de la lengua y de la cultura no puede ni tan siquiera dejar pasar un segundo en reforzar los lazos entre las capitales culturales europeas. Aquí está el reto. |